Omu
Omu Por qué motivo el contramaestre se mostraba tan reservado respecto a nuestro preciso destino nunca se llegó a saber. Las cosas que nos contó, yo, personalmente, no me las creí, y todas ellas no parecían más que una artimaña para hacer dormir a la tripulación.
Nos dijo que íbamos hacia una zona de excelente navegación, apenas conocida por otros balleneros, que él mismo había descubierto cuando estaba al mando de un pequeño bergantín, en un viaje anterior. Allí las aguas hervían de enormes ballenas, tan mansas que todo lo que había que hacer era acercarse y matarlas: se asustaban demasiado para resistirse. Apenas a sotavento de ese sitio, había un pequeño grupo de islas, donde iríamos a reaprovisionarnos pues allí abundaban frutos deliciosos; la población era de una raza casi no contaminada por el trato con extraños.
Quizá para evitar que alguien descubriese la latitud y longitud exactas del lugar hacia el que navegábamos, Jermin jamás nos dijo dónde estaba el barco al mediodía, aunque esto es costumbre a bordo de la mayoría de las naves.