Omu
Omu Mientras tanto, atendía con asiduidad a los enfermos. Cuando el doctor Fantasma Largo entregó las llaves del armario de las medicinas, las había recibido Jermin y éste, como médico, desempeñó su cometido a gusto de todos. Las píldoras y los polvos, en la mayoría de los casos, se echaban a los peces y en su lugar aparecía el contenido de un misterioso y pequeño barrilete de un cuartillo, que se diluía con agua de la «barrica». Sus pociones se mezclaban sobre el cabrestante, en cáscaras de coco señaladas con los nombres de los pacientes. Como los doctores de tierra firme, no evitaba sus propias medicinas, porque muchas de sus visitas como profesional al castillo de proa se hacían muchas veces cuando estaba plácidamente achispado; tampoco se olvidaba de vigilar el buen humor de sus enfermos, y cada vez que iba a verlos les contaba cuentos durante horas.