Omu

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Así eran nuestras habitaciones a bordo del Julia, pero no por ser tan malas teníamos la posesión indiscutida de ellas. Miríadas de cucarachas y regimientos de ratas se disputaban el lugar con nosotros. Una calamidad mayor que ésta no puede tocarle a una nave en los Mares del Sur.

Tan cálido es el clima que es casi imposible librarse de esos animales. Se pueden sellar todas las escotillas, y se puede fumigar el casco hasta que el humo los haga salir de las grietas, pero sobrevivirán los suficientes para repoblar el barco en un espacio de tiempo increíblemente breve. En algunas naves cuyas tripulaciones se habían entregado después de una dura batalla, las alimañas parecían tomar posesión real, y los marineros pasaban a ser meros inquilinos por tolerancia. En los balleneros, que pasan, muchos, hasta un par de años en la línea, es infinitamente peor que en otros barcos.

En cuanto al Julia, aquellas sabandijas jamás habían tenido una época tan buena y fácil como la que disfrutaban en su viejo casco decrépito, pues bullían en cada grieta y en cada hendidura, y no se podía decir que vivían entre nosotros, sino nosotros entre ellas. Tan cierto era esto que era mejor despachar la comida y la bebida en la oscuridad que a la luz del día.

Por lo que respecta a las cucarachas, se producía un fenómeno extraordinario que ninguno de nosotros jamás pudo explicar.


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