Omu
Omu Por norma, el marinero mayor de cada grupo reclama el convite como suyo y, por tanto, echa un buen trago, y pasa la botella al resto de la ronda, como un señor que hiciera los honores en su mesa. Pero las botellas de la noche del sábado no eran todo. El carpintero y el tonelero, en términos de mar el Astillas y el Tarugo, que eran los coimes o jefes del castillo de proa, de un modo u otro se las arreglaban para obtener un suministro extra: asà se mantenÃan en perpetua situación espirituosa después de la cena y, lo que es más, estaban predispuestos a mirar de buen grado una circunstancia como aquélla.
Pero ¿dónde estaban las ballenas durante todo este tiempo? En verdad, poco importaba dónde estuviesen, pues no eran las nuestras condiciones aptas para darles caza. Por entonces fue cuando bajaron de las cofas los hombres que, hasta ese momento, habÃan observado la costumbre de relevarse cada dos horas. Juraban que jamás volverÃan a subir. Al respecto, sin preocuparse, el maestre dijo que pronto estarÃan en un sitio en que los vigÃas eran por entero innecesarios, porque las ballenas que tenÃa en la cabeza —aunque Jack el Rayo dijo que todas estaban en la suya— eran tan mansas que tenÃan por costumbre acercarse a los barcos y rascarse el lomo en ellos.