Omu
Omu El doctor Fantasma intervino de inmediato. Dijo que eso no se podÃa ni soñar; que si el capitán morÃa, el maestre estaba obligado a dirigir el barco hacia el puerto civilizado más cercano, y a ponerlo en manos de un cónsul inglés, después de lo cual lo más probable era que, tras desembarcar, la tripulación fuera enviada de regreso a su tierra. Todo estaba en contra del plan del maestre.
—No obstante —dijo con aire de presunta indiferencia—, si los hombres dicen que esto vale, que esto vale diré yo, aunque en ese caso cuanto antes lleguemos a esas islas que dices, mejor.
Agregó algo más y, por la forma en que los otros le miraban, era evidente que nuestro destino estaba en sus manos. Por fin se resolvió que, si el capitán Guy no mejoraba al cabo de veinticuatro horas, el barco pondrÃa proa hacia la isla de TahitÃ.
Este anuncio produjo un gran efecto —hasta reanimó a los enfermos—, y los demás hombres hicieron conjeturas acerca de lo que podrÃa ocurrirnos; por su parte, el doctor, sin aludir a Guy, me daba la enhorabuena ante la perspectiva de avistar prontamente un lugar tan famoso como la isla en cuestión.