Omu
Omu —Tengo algo que deciros, hombres. De los que están aquÃ, nadie más que Bembo trabaja a popa, o sea que os he elegido a vosotros como los mejores para consultaros, ¿sabéis?, con lo del capitán. El ancla del capitán ya está pero que muy levada, y no me asombrarÃa que la diñara antes del amanecer. ¿Y qué es lo que debemos hacer? Si lo cosemos, a alguno de esos piratas de allà adelante puede metérsele en la cabeza hacerse con el barco, porque no hay nadie en la caña. Yo ya he pensado lo mejor que se puede hacer, pero no quiero hacerlo si no tengo buenos hombres que me apoyen, y que digan que todo se hizo como es debido si alguna vez volvemos a nuestra tierra.
Le preguntamos cuál era su plan.
—Yo os diré cuál es, hombres. Si el capitán se muere, todos obedeceréis mis órdenes, y en menos de tres semanas me comprometo a tener quinientas barricas de esperma de ballena bajo cubierta, lo bastante para darle a cada hijo de su madre un puñado de dólares cuando lleguemos a Sydney. Si no os parece bien, no vais a ver ni un cuarto de penique9.