Typee
Typee Después de dos horas de peligroso ascenso llegamos a la cumbre de otra elevación y apenas podÃa creer que habÃamos cruzado el oscuro y profundo abismo que ahora quedaba tras nosotros. De nuevo miramos el panorama dominado por la altura, pero era tan deprimente como el anterior. Pensé que en nuestra situación actual nos serÃa imposible vencer todos los obstáculos que tendrÃamos por delante y renuncié a toda esperanza de llegar al valle que quedaba más allá de estos impedimentos; mientras que a la vez no podÃa concebir plan alguno que nos librara de las dificultades en las que estábamos inmersos.
Nunca me pasó por la mente la más remota idea de regresar a Nukujiva, a menos que estuviéramos seguros de la partida de nuestro barco, y en realidad era difÃcil lograrlo, separados como estábamos de la bahÃa por una distancia incalculable y también dudosos de si recordarÃamos el camino de regreso debido a nuestro último vagar. Además, resultaba insoportable pensar en desandar lo recorrido y considerar infructuosos todos nuestros penosos esfuerzos.
Cuando un hombre está en dificultades no existe nada más penoso para él que pensar en retroceder siquiera un ápice: una vuelta sistemática sobre el camino ya trillado; y especialmente si ama la aventura, puesto que existe la remota esperanza de ser privado de vencer otras incitantes dificultades.