Typee
Typee Fue este sentimiento lo que nos impulsó a descender el otro lado de la elevación que habíamos acabado de subir, aunque nos hubiera sido imposible explicar el objeto exacto de este impulso.
Sin intercambiar palabra sobre el asunto, Toby y yo renunciamos al unísono al plan que nos había aventurado tan lejos, percibiendo mutuamente en nuestros rostros esa expresión de desaliento más expresiva que las palabras.
Llegamos juntos, casi al final de este día agotador, a la cavidad del tercer desfiladero, totalmente incapaces de realizar un esfuerzo más, hasta recuperar en algún grado la fuerza con la ayuda de alimento y reposo.
Nos sentamos en el lugar menos incómodo que encontramos y Toby extrajo de la pechera de su jersey el paquete sagrado. En silencio compartimos la minúscula porción de comida que había quedado del desayuno y sin proponemos ni una sola vez violar la santidad de nuestra promesa respecto a la cantidad restante, nos incorporamos y nos dispusimos a construir algún refugio que pudiera proveernos del sueño que tanto necesitábamos.