Typee
Typee Cerca de donde estábamos tendidos, puestos en cuclillas había unos ocho o diez jefes de noble apariencia, pues eso resultaron ser, quienes, más reservados que el resto, nos observaban con gran atención, lo cual perturbó no poco nuestra ecuanimidad. Uno de ellos en particular, que parecía ser el superior en rango, sentado frente a mí, me miraba de forma tan severa que me hizo estremecer. Ni una sola vez movió los labios, sino que mantuvo su rígida expresión mirando siempre al frente. Nunca antes fui objeto de observación tan obsesiva y extraña; una mirada inexpresiva, pero que parecía estar leyendo mis pensamientos.
Luego de este escrutinio que me alteró los nervios, tomé un poco de tabaco de mi jersey y se lo ofrecí con la intención de distraerle y lograr una buena impresión. En silencio rechazó el regalo y, sin pronunciar palabra, me indicó que volviera a guardarlo.
En mis relaciones anteriores con los nativos de Nukujiva y Tior había descubierto que regalar un pedazo de tabaco significaba ganarse sus servicios. ¿Era este acto del jefe una muestra de su enemistad? ¿Typee o Japar?, me pregunté. Quedé perplejo cuando en ese mismo momento el ser que tenía ante mí formuló esa misma pregunta.