Typee
Typee Casi frenético de la rabia y el dolor, grité como un poseído[24], mientras Toby se esforzaba vanamente mediante todas las posturas concebibles con signos y gestos para disuadir a los nativos. Ver a mi compañero solidario con mis sufrimientos esforzarse por poner fin a mis angustias, me hizo pensar que era la propia encarnación del sordo-mudo. Si mi torturador cedió ante las súplicas de Toby o por cansancio propio, no lo sé; pero de pronto dejó de manipularme y al mismo tiempo el jefe me soltó. Caí hacia atrás exhausto y sin aliento por la agonía sufrida.
Mi infortunada pierna simulaba ahora un bistec después de ser golpeado antes de su cocción. Mi médico, recuperado de las fatigas de su labor, como si estuviera ansioso de remediar el dolor a que me había sometido, sacó ahora unas hierbas de una bolsita que llevaba suspendida de la cintura y humedeciéndolas en agua, las aplicó a las partes inflamadas, inclinándose sobre ellas a la vez y susurrando un rezo o conversando confidencialmente con algún demonio imaginario situado dentro de mi pantorrilla. Luego me vendaron la pierna con hojas y, gracias a Dios, cesaron las hostilidades y pude descansar.