Typee
Typee Al siguiente momento la multitud abrió paso y mostró el cuerpo aparentemente sin vida de mi compañero, cargado en brazos por dos hombres, la cabeza colgaba inerte contra el pecho del primero. Tenía la cara, el cuello y el pecho cubiertos de sangre, que aún brotaba lentamente de una herida detrás de la sien. En medio de la mayor algarabía y confusión, el cuerpo fue transportado a la casa y depositado sobre una estera. Señalándoles a los nativos que se apartaran y dejaran circular el aire, me incliné ansiosamente sobre Toby y, poniéndole la mano en el pecho, me aseguré de que su corazón aún latía. Lleno de alegría, tomé una vasija de agua y le lancé el contenido a la cara, enjugué la sangre y examiné ansioso la herida. Tenía unas tres pulgadas de largo y después de apartar de ella los cabellos ensangrentados, pude ver claramente el cráneo. De inmediato corté con mi cuchillo los mechones coagulados y lavé toda esa parte de la cabeza varias veces con agua.
En pocos segundos Toby revivió, abrió los ojos un instante y los cerró sin pronunciar palabra. Kori-Kori, que había permanecido arrodillado a mi lado, ahora frotaba sus piernas suavemente con las palmas de las manos, mientras una muchacha situada a su cabeza se mantenía abanicándolo y yo seguía humedeciéndole la frente y los labios. Pronto mi pobre camarada mostró señales de reanimación y logré que bebiera unos sorbos de agua.