Typee
Typee Una mañana se suscitó gran nerviosismo entre la gente vecina a mi casa y pronto descubrí que procedía de una vaga noticia de que se habían visto unos botes acercándose a la bahía. De inmediato todo fue ajetreo y animación. Yo había mejorado un poco y con el espíritu más levantado, accedí a la invitación de Kori-Kori de ir a visitar al jefe Mehevi en el lugar llamado Tai, que como describí antes, estaba en los bosques prohibidos. Este recinto sagrado quedaba a poca distancia de la casa de Marheyo, entre ésta y el mar; el sendero que conducía al mar pasaba directamente por delante del Tai y de aquí bordeaba los bosques.
Estaba yo allí, reposando sobre las esteras dentro del edificio sagrado en compañía de Mehevi y varios jefes más, cuando se escuchó la noticia por primera vez. Sentí un estremecimiento de alegría en todo el cuerpo; quizá Toby vendría en uno de los botes. Me puse de pie de inmediato y mi primer impulso fue correr a la playa sin atender a la distancia que me separaba de ella ni a mi incapacidad. Tan pronto como Mehevi se percató del efecto que el anuncio había provocado en mí y la impaciencia que manifesté por ir a la playa, su rostro asumió la inflexible rigidez que tanto me había preocupado el día de nuestra llegada al valle. Cuando me dispuse a abandonar el Tai, me puso una mano en el hombro y dijo con gravedad:
— Abo, abo (Espera, espera.)