Typee
Typee El utensilio que generalmente utilizaban para estos menesteres es un diente de tiburón, tan apropiado para este fin como el tenedor de un solo diente para alzar heno. Narmoni se percató de la ventaja de mi navaja sobre el utensilio indígena, por lo que una mañana me pidió como un favor personal que le volviera a afeitar la cabeza. Le respondí que era muy áspera y no podía utilizarse sin antes afilarla. Para que me entendiera hice los movimientos correspondientes en la palma de mi mano. Narmoni entendió al instante, corrió a la casa y regresó con una piedra tan grande como una rueda de amolar y me indicó que lo hiciera. Por supuesto no me quedó otro remedio que poner manos a la obra y comencé a afeitarlo con rapidez. Se quejó y estremeció por el dolor pero, totalmente convencido de mi habilidad, resistió como un mártir.
Aunque nunca vi a Narmoni combatir, después de esta experiencia pondría mi vida en sus manos por su gran valor y firmeza. Antes de empezar la operación, su cabeza estaba cubierta por cabellos cortos y duros, pero una vez concluida se parecía a un campo arado. No obstante, como el jefe expresó la mayor satisfacción por el resultado, fui lo suficientemente sabio de no contradecirlo.