Typee

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Una mañana se me rompió este manto; y para mostrar a los isleños su fácil reparación, bajé mi bulto, extraje el hilo y la aguja y procedí a coser el orificio. Observaron este maravilloso empleo de la ciencia con intensa admiración; y mientras cosía, el viejo Marheyo, uno de los espectadores, repentinamente se golpeó la frente con la palma de la mano, corrió a un rincón de la casa, extrajo un sólido pedazo de tela, que se debió haber procurado hacía tiempo o que había traficado en la playa, y me pidió vehementemente que ejercitase un poco de mi arte con ella. Accedí deseoso, aunque ciertamente una aguja tan pequeña como la mía nunca antes había hecho puntadas tan gigantescas en una tela. Terminada la costura, el viejo Marheyo me dio un abrazo paternal; se despojó de su moro (faldón), envolvió el calicó en su cintura y colocándose sus dos pendientes en las orejas, tomó su lanza y salió de la casa como un valiente templario provisto de una nueva y costosa armadura.

Nunca utilicé mi navaja de afeitar durante mi estancia en la isla, sin embargo fue muy admirada por los taipis; y Narmoni, un gran héroe entre ellos, muy preciso en el arreglo cosmético y general de su persona y el individuo más tatuado de todo el valle, pensó que le resultaría de gran ventaja utilizarla en su ya rapada cabeza.


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