Typee
Typee Un día me entretuve con un inquieto chiquillo de unos seis años que me perseguía con un palo de bambú de unos tres pies de largo con el cual en ocasiones me molestaba. Quitándole el palo, se me ocurrió hacerle al niño uno de esos fusiles con los que recordaba haber visto jugar a otros niños. Con mi cuchillo corté dos ranuras paralelas de varias pulgadas de largo y cortando por un extremo la elástica tira entre ambas la doblé e introduje su punta por una muesca hecha a propósito. Cualquier objeto pequeño colocado aquí se proyectaría con gran fuerza a través del tubo con sólo liberar la tira fuera de la muesca.
Si hubiera tenido la más remota idea de la sensación que produciría esta pieza, hubiera sacado patente de invención. El muchacho escapó con el aparato, medio loco de contento, y veinte minutos después me vi rodeado de una ruidosa muchedumbre: venerables ancianos barbicanos, responsables cabezas de familia, valientes guerreros, madres, jóvenes, muchachas y niños, todos llevaban en la mano palos de bambú y cada uno pedía ser el primero.
Durante tres o cuatro horas me enfrasqué en la fabricación de tiratacos, pero al final cedí mi buena voluntad e interés en el asunto a un joven de sorprendente habilidad, a quien pronto inicié en el arte de fabricarlos.