Typee
Typee Cuando llegamos a la roca con que termina abruptamente el sendero y que nos ocultaba del lugar de la fiesta, grandes gritos y un rumor confuso me aseguraron que se había congregado una gran multitud para la ocasión. Kori-Kori, luego de salvar la elevación, se detuvo por un instante como lo hace un dandi a la puerta de un salón de baile con el propósito de darle un toque final a su indumentaria. Durante este breve período se me ocurrió que yo también debía cuidar un poco de mi presencia. Pero como no tenía traje de fiesta, quedé un poco perplejo pensando en cómo adornarme. Sin embargo, como deseaba causar sensación, me propuse lograrlo conociendo que nada gustaba más a los salvajes que verme vestido como ellos; por lo que me quité el largo manto de tapa que acostumbraba echarme sobre los hombros siempre que salía de la casa y me quedé sólo con el faldón que me caía de la cintura a las rodillas.