Typee
Typee Ante todo propinó a Moa Artua un cariñoso abrazo dejándolo sobre su pecho y por último le susurró algo al oído; sus espectadores esperaron ansiosos una respuesta. Pero el dios niño es sordo o mudo, quizá las dos cosas, pues nunca pronuncia palabra alguna. Al final Kolori habló un poco más alto, y enfureciéndose, le espetó lo que tenía que decirle y le gritó. Me recordó a una persona colérica que, luego de intentar en vano comunicarle un secreto a un sordo, se enfada y le grita aunque todos le escuchen. Sin embargo, Moa Artua siguió tan callado como siempre; y Kolori, perdiendo la paciencia, le lanzó un puñetazo por sobre la cabeza, lo despojó de las telas rojas y blanca y lo metió desnudo dentro de su cubeta, ocultándolo a la vista de los demás. A su actitud todos los presentes aplaudieron fuertemente y dieron su aprobación pronunciando el adjetivo mortarki con gran énfasis. Kolori, sin embargo, deseoso de que su conducta encontrara buena acogida, preguntó a todos los individuos por separado si en aquellas circunstancias no había hecho lo correcto castigando a Moa Artua. La respuesta invariable fue Ea, ea (Sí, sí), repetida una y otra vez de tal manera que acallaría los escrúpulos de los más conscientes. Después de un rato, Kolori sacó de nuevo su muñeco y, envolviéndolo en las telas roja y blanca, lo acarició y regañó alternativamente. Terminado de arreglar, le habo de nuevo en alta voz. Ahora el grupo mostró el mayor interés; mientras el sacerdote sostuvo a Moa Artua a su oído y repitió lo que el dios le comunicaba confidencialmente. Algunas de las noticias parecieron alegrar extraordinariamente a los del grupo, pues uno aplaudió agitado, otro lanzó un grito de alegría y un tercero se levantó y saltó por todos lados como un demente.