Typee
Typee Nunca pude saber qué diablos decía Moa Artua a Kolori en estas ocasiones; pero no pude evitar pensar que aquel demostraba muy poca originalidad al hacer las revelaciones que le obligaban, y que en principio no quiso revelar. Tampoco puedo presumir de saber si el sacerdote interpretaba verdaderamente lo que él creía que la divinidad le decía o si era culpable de un vil embuste. De todas maneras, todo lo que se transmitía del dios a los presentes parecía tener por lo general un carácter de cumplido; un hecho que ilustra la sagacidad de Kolori o de otro modo la conducta contemporizadora de esta poco utilizada deidad.
Moa Artua no tuvo más que decir y su portador volvió a acariciarlo. Sin embargo, pronto fue interrumpido por una pregunta hecha al dios por uno de los guerreros. Kolori se lo llevó de nuevo al oído y después de escucharlo atentamente, fungió de nuevo de intermediario. Una multitud de preguntas pasaron de unos al otro; los primeros quedaron muy satisfechos y el dios regresó a su pesebre y todos se unieron en un canto dirigido por Kolori. Terminada la ceremonia, los jefes se pusieron de pie riendo y el señor arzobispo, luego de charlar un rato absorbiendo una o dos bocanadas de una pipa de tabaco, se metió la canoa bajo el brazo y se marchó con ella.
Todo el procedimiento me había parecido una bandada de niños jugando a las muñecas y las casitas.