Typee
Typee La poca reverencia que esas divinidades tenían entre los nativos se evidenció ante mí convincentemente en una ocasión. Paseaba con Kori-Kori por la parte más espesa de los bosques cuando divisé una imagen de aspecto curioso de unos seis pies de alto, que originalmente había sido colocada frente a un bajo pai-pai, rodeado por un ruinoso templo de bambú, pero habiéndose fatigado y debilitado por esta postura, ahora estaba inclinada contra él. El ídolo estaba parcialmente oculto por el follaje de un árbol cercano cuyas tupidas ramas caían sobre la pila de piedras como para protegerlo de la ruina que lo amenazaba. La propia imagen sólo era un tronco de forma grotesca y tallado a semejanza de un hombre desnudo con los brazos cruzados sobre la cabeza, sus mandíbulas bien abiertas y sus gruesas piernas deformes y arqueadas. Estaba muy deteriorado. Su parte inferior estaba cubierta de un moho sedoso y brillante. Delgadas briznas de hierba sobresalían de la boca distendida y ocultaban las líneas de la cabeza y los brazos. Su adoración había envejecido literalmente. Todos sus puntos prominentes estaban golpeados y maltratados o totalmente podridos. Había perdido la nariz y por el aspecto general de la cabeza, podría suponerse que la deidad, desesperada por el abandono de sus adeptos, había intentado destrozársela contra los árboles aledaños.