Typee
Typee Pero los mosquetes, la pólvora y las balas se guardaban con extraordinaria estimación. Los primeros, por su forma y antigüedad, sólo servían para exhibirlos en la vitrina de un anticuario. Recuerdo en particular uno que colgaba del Tai y que Mehevi, suponiendo que yo podía arreglarlo, había puesto en mis manos con ese propósito. Era una de esas pesadas y antiguas piezas inglesas conocidas generalmente por el nombre de "mosquetes de Tower Hill" y, por lo que sé, debió ser abandonado en la isla por Wallace, Carteret, Cook o Vancouver. La culata estaba medio podrida y comida por la carcoma, el cerrojo tan oxidado y tan bien adaptado a su uso manifiesto como un viejo pestillo de puerta, la rosca de los tornillos del gatillo estaba totalmente gastada, mientras que el tambor rozaba con la madera. Esa era el arma que el jefe quería que yo devolviera a su estado original. Como no tenía la práctica de un armero y carecía de las herramientas necesarias, me vi obligado a declararme incapaz de realizar aquella tarea. Al decir esto, Mehevi me miró por un momento como sospechando que yo fuera de una clase inferior de hombres blancos, que después de todo no sabía más que un taipi. Sin embargo, tras una larga explicación, logré hacerle comprender la extrema dificultad de la reparación. Poco satisfecho por mis palabras, se marchó con el viejo mosquete como si no quisiera exponerlo indignamente a ser manipulado por dedos tan incapaces.