Typee
Typee Ya antes tuve ocasión de señalar que nunca vi señal alguna de un lugar de enterramientos en el valle, circunstancia que atribuí a vivir en un sitio fijo y tener prohibido alejarme mucho hacia el mar. Desde entonces he pensado, sin embargo, en la probabilidad de que los taipis, ya deseosos de quitar de su vista la evidencia de la muerte o ya instados por un sentido de belleza del campo, habrían ubicado su cementerio en algún lugar encantador bajo las sombras de las faldas de las montañas. En Nukujiva, dos o tres grandes paipai cuadrados, llenos de lápidas y encerrados por paredes lisas de piedra y casi ocultos por las entrelazadas ramas de grandes árboles, me fueron señalados como lugares de enterramientos. Los cuerpos, según entendí, eran depositados en toscos panteones bajo lápidas y permanecían allí sin ser exhumados. Aunque nada podía ser más extraño y fúnebre que aquel lugar, donde los altos árboles cubrían con su sombrío manto los rudos bloques de piedra; un forastero que los contemplase no hubiera podido descubrir un lugar de sepulcro.
Durante mi estancia en el valle, como ninguno de sus habitantes fue tan condescendiente de morir y ser enterrado con vistas a satisfacer mi curiosidad sobre los ritos funerarios, me tuve que quedar sin conocerlos. Tengo razones para pensar que los taipis, respecto a esto, son iguales que las demás tribus de la isla y relataré una escena que casualmente presencié en Nukujiva.