Typee
Typee Un día, al regresar con Kori-Kori de mis acostumbradas visitas al Tai, pasamos por un pequeño claro en el bosque; a un lado, según me informó mi asistente, se construiría esa tarde una casa de bambú. Por lo menos un centenar de nativos traían los materiales necesarios; algunos cargaban uno o dos palos que formarían los ángulos; otros, finas estacas del hibiscus, atadas con hojas de palma para el techo. Todos contribuían en algo; y por la labor unida, aunque fácil e incluso indolente de todos, la construcción se terminó antes del anochecer. Los isleños, mientras erigían su casa, me recordaron una colonia de castores. En realidad, no eran tan silenciosos y reservados como aquellas maravillosas criaturas, ni tan inteligentes tampoco. A decir verdad, eran algo inclinados a la holgazanería, aunque entre ellos prevalecía la hilaridad; y trabajaban tan unidos y parecían impulsados por tal instinto de amistad, que resultaba un espectáculo digno de disfrutarse.