Typee
Typee Dos de las cabezas eran de isleños; pero la tercera ¡horror! Era la de un hombre blanco. Aunque fue retirada de inmediato de mi vista, me dio tiempo para convencerme de que no estaba errado. ¡Santo cielo! qué terribles pensamientos fluyeron a mi mente; al resolver este misterio quizás había resuelto otro, y la suerte de mi compañero perdido podría revelarse en el chocante espectáculo que acababa de presenciar. Quise haber rasgado los lienzos de tapa y satisfacer las horribles dudas que me atormentaban. Pero antes de haberme recuperado de la consternación en que había caído, los paquetes fatales fueron alzados y ya se balanceaban sobre mí. Los nativos me rodearon en tumulto y trataron de convencerme de que lo que acababa de ver era las cabezas de tres guerreros japares muertos en combate. Esta evidente falsedad acrecentó mí alarma y sólo después de reflexionar que ya había visto los paquetes oscilando en lo alto antes de que Toby desapareciera, fue que pude recobrar mi compostura.
Pero aunque este temor se disipó, había descubierto algo que en mis condiciones mentales actuales me llenó de amargura. Estaba claro que había visto las últimas reliquias de algún desgraciado que había sido masacrado en la playa por los salvajes en una de esas peligrosas aventuras de intercambio que ya describí antes.