Typee
Typee La entrada de la casa de Marheyo era a través de una pequeña abertura en su fachada de juncos cruzados. Este paso, por un motivo inconcebible por mí, siempre se cerraba después que los moradores de la casa se retiraban a descansar, rodando una pesada compuerta de más de una docena de tablas de madera. Cuando alguno quería salir, el ruido provocado por esta ruda puerta despertaba a los demás; y en más de una ocasión he señalado que los isleños son tan irritables como los seres más civilizados en circunstancias similares.
Decidí vencer esta dificultad en mi camino de la siguiente manera. Me levantaría osadamente en medio de la noche y deslizando la puerta, saldría de la casa fingiendo que mi objetivo era sólo beber un poco de agua que siempre estaba afuera en una esquina del pai-pai. Al entrar olvidaría cerrarla intencionalmente confiando en que la indolencia de los salvajes no les haría reparar en mi negligencia. Volvería a la estera y esperaría pacientemente a que todos se durmieran de nuevo, para entonces salir a hurtadillas y emprender de inmediato el camino a Poiarka.
La misma noche que siguió a la partida de Marnu procedí a poner en práctica este proyecto. A medianoche, como planeé, me levanté y abrí la compuerta. Los nativos, como había esperado, se despertaron y algunos preguntaron:
—¿Arwer pu aua, Totumo? (¿A dónde vas, Tommo?)