Typee
Typee Siempre que la dulce Fayawey y Kori-Kori, acostados ambos a mi lado, me dejaban solo en mi reposo ininterrumpido, miraba con extraño interés los más leves movimientos del excéntrico guerrero. Solo, en la quietud del mediodÃa tropical, realizaba su callada labor, sentado a la sombra tejiendo las hojas de las ramas del cocotero o enrollando sobre sus rodillas las tiras torcidas de corteza para hacer cordeles con los cuales atar el techo de su choza. Con frecuencia, suspendiendo su labor y notando mi vista melancólica fija en él, levantaba su mano en gesto de expresiva conmiseración para dirigirse hacia mà lentamente, entrar en puntillas de pie, temeroso de molestar a los durmientes y, quitándome el abanico de la mano, se sentaba delante de mÃ, agitándolo suavemente de un lado a otro mirándome ardientemente a la cara.