Typee
Typee Justo delante del pai-pai y dispuestos en triángulo a la entrada de la casa, había tres magníficos árboles del pan. Ahora puedo recordar perfectamente sus finos troncos y las graciosas irregularidades de sus cortezas, en las que mis ojos acostumbraban posarse día tras día en medio de mis solitarias meditaciones. Es extraño cómo objetos inanimados pueden producimos afecto, especialmente en las horas de aflicción. Incluso ahora, en medio de todo el bullicio y la agitación de la orgullosa y activa ciudad en que vivo, la imagen de aquellos tres árboles parecen revivir ante mis ojos como si los estuviera viendo y aún siento el suave placer de contemplar durante horas sus copas ondulando graciosamente por la acción del viento.