Typee
Typee Tan pronto como se escucharon las dos campanadas, los hombres de pase fueron llamados a abordar el bote. Me retrasé un momento en el castillo de proa para echar un vistazo de despedida a ese escenario tan familiar y cuando me dispuse a subir a cubierta mis ojos se fijaron en la cesta de pan y la fuente de carne que contenía los restos de nuestra última comida. Aunque no pensé antes proveerme alimento alguno para nuestra expedición, pues contaba totalmente con las frutas de la isla para mantenernos por todos los lugares que fuéramos, no pude resistir los deseos de tomar algunas de, las reliquias que tenía ante mi para hacer una merienda. Así tomé dos puñados de esos pedacitos de galletas duras y partidas que llaman generalmente "anclas de guardiamarina" y las lancé al fondo de mi jersey; en el mismo simple receptáculo donde había guardado varias libras de tabaco y unas yardas de tela de algodón, artículos con los cuales pensaba comprar la buena voluntad de los nativos, tan pronto estuviéramos entre ellos al marcharse el barco.
Esta última adición a mi inventario ocasionó una considerable protuberancia hacia delante, que moderé un poco moviendo los trozos de pan por mi cintura y distribuyendo los tacos de tabaco entre los pliegues de la pieza.