Typee
Typee Apenas había terminado esta faena cuando una docena de voces mencionaron mi nombre y salí a cubierta, donde vi a toda la guardia sobre el bote, impaciente por partir. Salté la borda y me senté junto a los demás en la popa, mientras que los pobres hombres de la guardia de babor, accionaron sus remos y empezaron a transportarnos a la costa.
Estábamos en la temporada de lluvias de las islas y los nativos habían presagiado casi toda la mañana uno de esos aguaceros que en esta época se producen con tanta frecuencia. Las grandes gotas empezaron a borbotear en el agua poco después que abandonamos el barco y al momento de desembarcar llovía a cántaros. Buscamos abrigo en una inmensa casa de canoas que se erguía junto a la playa y esperamos a que amainaran las Primeras ráfagas de la tormenta.
Sin embargo, la lluvia continuó sin cesar; y el monótono repiqueteo sobre nuestras cabezas empezó a ejercer un efecto soporífero en los hombres, quienes, reclinándose aquí y allá sobre grandes canoas de guerra, después de conversar un rato se durmieron.