Typee
Typee Desde que abandonamos la casa de canoas apenas habÃamos intercambiado palabra entre nosotros; pero al llegar a un segundo claro del bosque y divisar de nuevo la colina delante de nosotros, tomé a Toby por un brazo y señalando el repecho hasta la altura que yacÃa detrás, dije quedamente:
—Bueno, Toby, ni una sola palabra, ni una mirada atrás hasta que estemos en la cima de aquella montaña. No demoremos más, avancemos cuanto podamos y en unas horas podremos reÃr a carcajadas. Tú eres más ligero y ágil, ve delante que yo te sigo.
—Está bien, hermano —respondió Toby—. Andemos rápido; sólo tenemos que mantenernos juntos, eso es todo.
Y al decir esto, con el salto de un joven corzo, venció un arroyuelo que atravesaba nuestro camino y avanzó con paso rápido.
Cuando llegamos al pie de la colina, nos detuvo una gran masa de altas cañas amarillas, que crecÃan espesas una al lado de la otra y tan firmes y duras como varillas de acero; y observamos, para desilusión nuestra, que se extendÃan hasta la mitad de la elevación que pensábamos ascender.