Typee
Typee Vagamos sin rumbo, buscando ansiosamente en cada arbusto que pasábamos hasta que, cuando logramos ascender una de las tantas colinas que interrumpÃan el terreno, vi en la hierba frente a mà algo que parecÃa un camino trillado, el cual al parecer corrÃa a lo largo de la colina y descendÃa con ella en un profundo desfiladero aproximadamente a media milla de donde estábamos.
Robinson Crusoe no se sorprendió más ante la huella en la arena que nosotros ante este inesperado descubrimiento. Mi primer impulso fue retroceder lo más rápido posible y encaminar nuestros pasos en otra dirección; pero la curiosidad por ver a donde conducÃa aquella senda nos impulsó a seguirla. Continuamos; el camino se hacÃa más visible a medida que caminábamos hasta que nos llevó al borde del barranco, donde terminaba abruptamente.
—Entonces —dijo Toby mirando hacia el abismo—, todos los que vienen por este camino saltan aquÃ, ¿no?
—No —respond×; creo que de algún modo bajan sin tener que saltar; ¿tú qué crees, lo intentamos?
—Y en nombre de las cavernas y las madrigueras, ¿qué esperas encontrar en el fondo de ese abismo sino romperte el pescuezo? Está más oscuro que la bodega de nuestro barco y el rugido de esas cascadas allá abajo te hará estallar el cerebro.