Typee
Typee Y avanzando por el borde del precipicio donde estábamos parados, empecé a descender por las enredadas raíces que colgaban en las gritas de la roca, como había previsto, Toby, a pesar de sus anteriores protestas, siguió mi ejemplo y descendió de un lado a otro con la rapidez de una ardilla; pronto me pasó y llegó al fondo antes de que yo hiciera dos tercios del descenso.
La vista que ahora nos saludaba siempre quedaría grabada en mi mente. Cinco espumosos riachuelos que corrían por sus respectivos cauces, crecidos y turbios por las recientes lluvias, se unían en una cascada de casi ochenta pies y caían con salvaje estruendo en un profundo y negro pozo encerrado por las sombrías rocas y de aquí en masa compacta se deslizaba por un escarpado cañón que parecía penetrar en las entrañas de la tierra. Al frente, vastas raíces de árboles colgaban de los flancos del barranco, goteando humedad y temblando por las vibraciones producidas por la cascada. Ya atardecía y la débil luz que llegaba hasta las cavernas y profundidades boscosas acentuaron su extraña apariencia, recordándonos que en breve tiempo estaríamos en medio de una oscuridad absoluta.