Typee
Typee Después de satisfacer mi curiosidad con esta escena maravillosa, me pregunté por qué el camino que seguimos nos había conducido a un lugar tan singular y comencé a sospechar que era obra de los isleños. Esta conclusión resultó agradable pues redujo nuestro temor de encontrarnos accidentalmente con ellos y pensé que quizás no encontraríamos un escondite más seguro que el lugar donde habíamos ido a parar por cuestiones del azar. Toby estuvo de acuerdo conmigo en mirar el asunto desde esta perspectiva y Comenzamos de inmediato a reunir las ramas de árboles que había alrededor con vistas a construir un refugio temporal para pasar la noche. Nos vimos obligados a construirlo cerca de la catarata, pues la corriente de agua llegaba casi hasta las paredes del desfiladero. Empleamos los pocos momentos de luz que nos quedaban en cubrir nuestra cabaña con una planta de grandes hojas lanceoladas que crecía en las grietas del barranco. Nuestra cabaña, si así podía llamársele, estaba compuesta de seis y ocho de las ramas más rectas que pudimos hallar, colocadas oblicuamente contra la abrupta pared de piedra, con un extremo inferior a menos de un pie del agua. En el espacio cubierto de esta manera entramos a gatas y reposamos nuestros agotados cuerpos lo mejor que pudimos.