Carmen
Carmen Esperaba conducir poco a poco al desconocido a hacerme confidencias, y, a pesar de los guiños del guÃa, orienté la conversación hacia los ladrones de caminos. Por supuesto, hablando de ellos con respeto. HabÃa entonces en AndalucÃa un bandolero famoso, llamado José MarÃa, cuyas correrÃas estaban en boca de todos. «¿Y si estuviera junto a José MarÃa?», me decÃa a mà mismo… Conté las historias que sabÃa de ese héroe, todas en su honor, desde luego, y expresé claramente mi admiración por su valor y su generosidad.
—José MarÃa no es más que un truhán —dijo frÃamente el desconocido.
«¿Se hace justicia, o es un exceso de modestia por su parte?», me decÃa mentalmente; pues a fuerza de examinar a mi acompañante, habÃa llegado a aplicarle la descripción de José MarÃa, que habÃa leÃdo expuesta en las puertas de muchas poblaciones de AndalucÃa. «SÃ, es él… Pelo rubio, ojos azules, boca grande, hermosos dientes, manos pequeñas; camisa fina, chaqueta de terciopelo con botones de plata, polainas de piel blanca, caballo bayo… ¡No cabe duda! Pero respetemos su incógnito».