Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante
Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante Aun no se había acabado, cuando nos hallamos envueltos por una invasión de jumentillos alegres y vivarachos, que se entraron por la puerta con una franqueza sin igual: traían cada uno dos pellejos, y diciendo que sus conductores eran manchegos, no hay que añadir que los pellejos eran de vino. Los mozos echaron pie a tierra y dejaron ver sus robustas formas, su aire marcial, expresivas facciones, color encendido, ojos penetrantes; traían todos tremendas patillas; su pañuelo en la cabeza, y encima la graciosa monterilla; las varas a la espalda y atravesadas en el cinto. Empezaron luego a contar sus pellejos; mas por desgracia nunca iban de acuerdo con el guarda, pues si éste decía veinte, ellos sacaban diez y nueve; y volviendo a contar, sólo resultaban diez y siete; por último, se fijaron en diez y ocho, pagaron su cuota y echaron acorrer.
- Otro carromato. -¿De dónde? -De Murcia y Cartagena. -¿Carga? -Naranjas y granadas. -Al menos es cosa de sustancia. -Ahora van VV. a probar que la tienen.
- A un lao, zeñorez (exclamó mi primo levantándose); a un laíto por amor de Dioz, que viene aquí la gente. -Y decíalo por una sarta de machos engalanados que entraban por la puerta con sendos jinetes encima.
- A la paz de Dioz, caballeros -saludó con voz aguardentosa un viejo que al parecer hacía de amo de los demás.