El dominico blanco

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Capítulo 8

Aún me tiemblan las rodillas de debilidad cuando me paseo por la habitación, pero siento cada vez con mayor claridad que mi salud se restablece de hora en hora.

La nostalgia de Ofelia me consume y me gustaría mucho bajar al descansillo y espiar su ventana con la esperanza de atrapar al vuelo una mirada suya.

Mi padre me dijo que cuando yo estaba febril e inconsciente, ella vino a verme y me trajo un ramillete de rosas. Veo en su cara que lo ha adivinado todo; ¿y si tal vez ella misma se lo ha confesado?

Temo hacer preguntas y él también evita el tema con timidez.

Me cuida con gran solicitud; lo que puede leer en mis ojos, me lo trae; pero a mí me palpita el corazón de pesar y vergüenza cada vez que me da una prueba de su amor, porque pienso que le he resultado un delincuente.

¡Querría que la falsificación del pagaré fuera sólo una pesadilla de mi calentura!

Ahora, sin embargo, que mis sentidos vuelven a ser claros, lo sé con certeza, por mucho que me pese: sucedió realmente. ¿Por qué y para qué fin lo hice? Todos los pormenores se han borrado de mi memoria.


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