El dominico blanco
El dominico blanco »De esta manera se protege del abuso de los seres humanos el secreto de la consumación.
Sentí que mi antepasado separaba lentamente el pulgar; entonces pasó de prisa y por tres veces el índice sobre mi cuello, de izquierda a derecha, como si quisiera cortarme la garganta.
Me traspasó un sonido espantoso y estridente como una «I», abrasándome la carne y los huesos.
Tuve la sensación de que llamas vivas me quemaban el cuerpo.
—No lo olvides: ¡soporta todo cuanto ocurra y todo cuanto hagas y sufras por la separación del cadáver! —oí de nuevo la voz de mi tatarabuelo Christopher, como surgida de la tierra.
Entonces los últimos restos de mi conciencia ardieron en la llamarada de la fiebre.