El dominico blanco
El dominico blanco »Si colocas la mano despierta contra tu cuello, el «agua viva» fluye por tu cuerpo.
»Si murieras en este estado, tu cuerpo entero sería incorruptible como el cadáver de un santo cristiano.
»¡Sin embargo, tienes que separarte de tu cadáver!
»Esto ocurre por medio del hervor del «agua», y éste por medio del «fuego», pues todo proceso, incluso el espiritual del renacimiento, debe tener su orden.
»Yo lo llevaré a cabo en ti antes de dejarte por esta vez.
* * *
Oí a mi antepasado cerrar el libro.
Se levantó y volvió a poner, como la primera vez, la mano sobre mi cuello como una escuadra.
Me traspasó la sensación de que una corriente de agua helada bajaba por mi cuerpo hasta las plantas de los pies.
—Cuando la haga hervir, tu fiebre aumentará y perderás el conocimiento —dijo—; por eso escucha, antes de que tu oído ensordezca: lo que te hago, te lo haces a ti mismo, porque yo soy tú y tú eres yo.
»Nadie más que yo podía hacerte lo que te hago, pero tú no podías hacértelo solo. Tengo que estar presente, pues sin mí eres sólo medio «yo», de igual modo que yo soy sólo medio «yo» sin ti.