El dominico blanco
El dominico blanco La pregunta me aflora a los labios, pero consigo ahogarla. Creo que me derrumbaría, deshecho en llanto, si él asintiera.
De improviso empieza a hablar, con precipitación y arrebato; habla de todo lo imaginable a fin de distraerme y cambiar el rumbo de mis pensamientos.
No recuerdo haberle mencionado la visita en sueños de nuestro antepasado —o quienquiera que fuese—, ¡pero tengo que haberlo hecho! ¿Cómo, si no, se referiría de repente al mismo tema? Dice, casi sin transición: