El dominico blanco
El dominico blanco ¡Cuánto debes de haber sufrido por mi causa, mi querido y bondadoso amigo!
Era imposible que hablaras de ello a tu padre; te pedà que no lo hicieras y sé que has atendido mi ruego.
Seguramente me habrÃa hecho una insinuación cuando fui a verle para decirle que nos amamos y despedirme de él… y de ti.
¡De modo que sólo puedes haber sido tú quien firmó el pagaré!
¡Lloro de alegrÃa y júbilo porque hoy puedo devolvértelo!
Lo he encontrado por casualidad sobre el escritorio de ese hombre horrible cuyo nombre ya no pronuncian mis labios.
¿Cómo podrÃa expresarte con palabras mi gratitud, cariño mÃo? ¿Qué acto serÃa lo bastante grande para demostrártela de algún modo?
No puede ser que tanta gratitud y tanto amor como siento por ti no se prolonguen hasta más allá de la tumba. Sé que perdurarán para toda la eternidad, de la misma manera que sé que estaré contigo en espÃritu y te acompañaré por doquier y te protegeré y guardaré de cualquier peligro como un perro fiel hasta que volvamos a vernos.