El dominico blanco
El dominico blanco Aquella noche tuve una experiencia singular; otros la llamarÃan un sueño, porque sólo conocen esta calificación insuficiente para todas las vivencias del ser humano mientras el cuerpo dormita.
Como siempre, antes de dormirme junté las manos para «poner la izquierda sobre la derecha», como decÃa el barón.
En el transcurso de los años fui comprendiendo poco a poco la utilidad de esta medida. Puede ser que cualquier otra colocación de las manos sirva para el mismo fin, siempre que vaya acompañada de la idea de que el cuerpo queda atado.
Desde que aquella primera noche me acosté de esta manera en casa del barón, me desperté siempre por la mañana con la sensación de haber recorrido un largo trecho de camino durante el sueño, y cada vez se me quitaba un peso de encima cuando veÃa que yacÃa en la cama desnudo y no llevaba los zapatos polvorientos —como en el orfanato—, por lo que no debÃa temer que me pegaran; sin embargo, nunca pude recordar durante el dÃa adonde habÃa caminado en sueños. Aquella noche se me cayó la venda de los ojos por primera vez.