El dominico blanco
El dominico blanco »No cabe duda de que existen personas que pueden ostentar con pleno derecho el nombre de «artista» y, sin embargo, sólo están poseídos por una fuerza tenebrosa que usted desde su punto de vista designará tranquilamente como «el diablo». Sus creaciones se parecen con exactitud al reino infernal de Satanás tal como lo presenta Cristo; sus obras contienen el aliento del norte glacial y entumecido donde ya la Antigüedad situó la sede de los demonios enemigos de los seres humanos; los medios de expresión de su arte son: peste, muerte, locura, asesinato, sangre, desesperación y abyección.
»¿Cómo podemos explicarnos a semejantes naturalezas artísticas? Quiero decírselo: un artista es un hombre en cuyo cerebro lo espiritual y lo mágico mantienen la preponderancia sobre lo material. Esto puede suceder de dos maneras: en una de ellas (que podríamos llamar la «demoniaca»), el cerebro está a punto de degenerarse por el libertinaje, la sífilis y los vicios habituales; entonces pesa menos, por así decirlo, en la balanza del equilibrio y aparecen por sí mismos una «mayor pesadez o presencia en el mundo visible» y un descenso de lo mágico: el platillo de la espiritualidad baja, sólo porque el otro es más ligero y no porque él mismo sea más pesado. En este caso rodea a la obra de arte el tufo de la descomposición. Es como si el espíritu llevase un vestido de putrefacción fosforescente.