El dominico blanco
El dominico blanco »En los otros artistas (que llamaré los ungidos) el espíritu ha ganado la batalla contra el animal, como en el caballero Jorge: en ellos el platillo del espíritu baja en el mundo visible a causa de su propio peso. Entonces el espíritu lleva la túnica dorada del sol.
»Sin embargo, en ambos casos el equilibrio de la balanza se produce a favor de lo mágico; en el hombre ordinario, sólo el animal tiene peso; en cambio, tanto el «demoníaco» como el «ungido» son movidos por el viento del reino invisible de la abundancia, uno por el viento del norte, otro por el aliento del amanecer. Por el contrario, el hombre ordinario continúa siendo un tronco fijo.
»¿Cuál es este poder que se sirve de los grandes artistas como de un instrumento cuyo fin es conservar para la posteridad los ritos simbólicos de la magia?
»Se lo diré: es el mismo que creó la Iglesia en otro tiempo. Construye al mismo tiempo dos columnas vivas, una blanca, la otra negra. Dos columnas vivas que se odiarán mutuamente hasta que reconozcan que son sólo los pilares de un futuro arco de triunfo.
»Recuerde el lugar del Evangelio donde Juan dice: «Considero, sin embargo, que si así debieran escribirse las muchas otras cosas, el mundo no comprendería los libros en que estuvieran escritas».