El dominico blanco
El dominico blanco »Le digo, tanto si ahora se crucifica como si no: la Iglesia empezó con Pedro ¡y terminará con Juan! ¿Qué significa esto? ¡Lea el Evangelio como si fuera una profecía sobre el futuro de la Iglesia! Quizá entonces se encenderá en usted una luz que le indique el significado en este sentido: que Pedro negó tres veces a Cristo y se enfadó cuando Jesús dijo de Juan: «Quiero que él se quede». Para su consuelo, quiero añadir: la Iglesia morirá, lo creo y lo veo venir, pero resucitará de nuevo y tal como debería ser. Aún no ha resucitado nadie ni nada que no haya muerto antes: ni siquiera Jesucristo.
»Le conozco a usted demasiado bien como hombre honorable que se toma en serio su deber para ignorar que se ha preguntado una y otra vez: ¿Cómo pudo suceder que existieran entre los sacerdotes, incluso entre los papas, criminales indignos de sus votos, indignos de llevar el nombre de ser humano? Sé también que si alguien le hubiera pedido una explicación de semejantes hechos, habría respondido: «Sin pecado y sin mancha está sólo el oficio y no aquel que lo desempeña». No crea, querido amigo, que yo pertenezco a aquellos que se burlan de semejante explicación o, avisados, sospechan una despreciable hipocresía detrás de ella; para esto respeto demasiado las sagradas órdenes.