El dominico blanco
El dominico blanco »¿De dónde procede esta duda?, le pregunto yo. ¿De una fe débil? ¡No! Es una consecuencia de la percepción inconsciente de que es demasiado reducido el número de sacerdotes lo bastante fogosos para buscar el camino de la salvación como lo hacen los yoguis y los sadhus de la India. Son demasiado pocos los que toman por asalto el reino de los cielos. Créame: ¡hay más sendas hacia la resurrección de las que imagina la Iglesia! La templada esperanza de la «gracia» no sirve de nada. ¿Cuántos de su condición pueden decir de sà mismos: «Como camina el ciervo en busca de agua fresca, camina mi alma hacia ti, Dios mÃo»? Todos esperan en secreto el cumplimiento de la profecÃa apócrifa que dice: aparecerán cincuenta y dos papas, cada uno de los cuales llevará un nombre latino secreto que transcribirá su actividad en la tierra; el último se llamará flos florum, «flor de las flores», y bajo su cetro empezará el reino milenario.
»Le profetizo (y yo soy más bien un pagano que un católico) que se llamará Juan y será el reflejo de Juan el Evangelista; de Juan el Bautista, patrono de los masones que protegen con agua los secretos del bautismo sin conocerlos ellos mismos, le serán transmitidas las fuerzas a través del mundo inferior.
»¡Asà surgirá de dos columnas un arco de triunfo!