El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Una y otra vez leía el pasaje: «… a lo que se añade que su querido y bendito padre me dio clases de pequeña…», se me cortaba la respiración. ¿No sonaba como una promesa: «hoy estarás conmigo en el paraíso»? La mano que se extendía hacia mí, buscando ayuda, me ofrecía el regalo: el recuerdo que ansiaba… ¡me revelaría el misterio, me ayudaría a levantar el telón que había caído sobre mi pasado!
«Su querido y bendito padre», ¡cuán extrañas sonaban las palabras al decirlas en voz alta! ¡Padre! Por un instante vi emerger la mirada cansada de un hombre mayor con barba blanca en una butaca junto a mi arcón… desconocido para mí, tan desconocido, pero al mismo tiempo estremecedoramente familiar, pero entonces mis ojos volvieron en sí y los latidos de mi corazón anunciaron la hora concreta del presente.
Me sobresalté: ¿había estado soñando? Miré el reloj: gracias a Dios, aún eran las cuatro y media.
Me fui a mi dormitorio, recogí el sombrero y el abrigo y bajé las escaleras. Qué me importaba hoy el cuchicheo de los oscuros rincones, las perversas, mezquinas y amargas objeciones que surgían siempre de ellos: «No te vamos a dejar… eres nuestro… no queremos que te alegres… ¡hasta ahí podíamos llegar, alegría en la casa!»