El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Y esperé a que se formara un grupo de personas con el que me pudiera entender, pero pasó una hora y tan sólo aquí y allá se asomaba con precaución un rostro pálido para volver a retroceder con un miedo mortal.
¿Debía esperar hasta que tras unas horas, o quizá a la mañana siguiente, aparecieran policías… los «maderos», como los solía llamar Zwakh?
No, antes prefería hacer el intento y averiguar hacia dónde conducían los corredores subterráneos.
Tal vez penetrara a través de grietas la luz del día.
Descendí por la escalera, proseguí el camino que había emprendido el día anterior —sobre montones de ladrillos rotos y a través de sótanos hundidos—, trepé por unas escaleras ruinosas y de repente me planté… en el pasillo de la negra escuela, que antes había visto como en un sueño.
Una ola de recuerdos se precipitó enseguida sobre mí: bancos, manchados de tinta de arriba abajo, cuadernos de cuentas, berreos, un joven que soltaba mariquitas en la clase, libros de texto con trozos de pan con mantequilla aplastados en el interior y el olor a piel de naranja. Ahora lo sabía con toda seguridad: yo había estado allí de niño. Pero no me di tiempo para reflexionar y me dirigí deprisa a casa.