El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] —¡No lo invoque, señor Zwakh! Se puede penetrar en corredores tenebrosos, de los que nadie ha encontrado la salida a no ser que no llevara consigo un talismán. La tradición cuenta que una vez tres hombres bajaron al reino de la oscuridad, uno se volvió loco, el segundo ciego, tan sólo el tercero, Rabbi ben Akiba, regresó sano a casa y dijo que se habÃa encontrado a sà mismo. Me dirá que más de uno se ha encontrado a sà mismo, por ejemplo Goethe, quienes en un puente o en un sendero que conduce desde una orilla de un rÃo a la otra, se miraron a sà mismos a los ojos y no se volvieron locos. Pero eso sólo era el reflejo de la propia conciencia y no el verdadero doble: no eso que se llama el «hálito de los huesos», el «habal garmin», del que se dice: «Igual que fue a la tumba, incorrupto en los miembros, asà resucitará en el DÃa del Juicio».
La mirada de Hillel penetró cada vez más en mis ojos.
—Nuestras abuelas dicen de él: «Vive por encima de la tierra en una habitación sin puertas, sólo con una ventana, desde la cual es imposible entenderse con los hombres. Quien logre conjurarlo… y sepa instruirlo… será un buen amigo de sà mismo…»