El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Miré a mi alrededor buscando ayuda, por si algo o alguien me daba una señal sobre lo que debía hacer.
Nada.
Tampoco encontré en mi interior ningún consejo, ninguna ocurrencia: todo estaba muerto.
Me di cuenta de que la vida de miríadas de personas pesaba tan poco como una pluma en ese terrible instante.
Ya debía ser noche profunda, pues no podía distinguir las paredes de mi habitación.
En el estudio contiguo se oían pasos; oí que alguien movía armarios, sacaba cajones y arrojaba el contenido al suelo, creí oír la voz de Wassertrum, cómo con su tono ronco lanzaba maldiciones; no escuche. Me parecía tan irrelevante como el murmullo de un ratón. Cerré los ojos.
Ante mí desfilaron semblantes humanos en largas hileras. Los párpados cerrados… rígidas máscaras mortuorias: mi propia estirpe, mis propios antepasados.
Siempre la misma forma craneal, por más que pareciera cambiar el tipo, así estaba en las tumbas —con el pelo liso y con raya, con el pelo rizado y corto, con peluca larga y tupés de tirabuzones—, a través de los siglos, hasta que los rasgos cada vez me resultaron más familiares y terminaron por fluir en un último rostro: el rostro del Golem, con el que se interrumpía la cadena de mis ancestros.