El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Los contornos del espectro se velaban fugazmente en la oscuridad, se contraían de una manera apenas perceptible y volvían a extenderse, como si la figura respirase lentamente y fuese el único movimiento discernible. Muñones óseos, en vez de pies, rozaban el suelo, en los cuales, la carne, gris y sin sangre, se había alzado un palmo dejando bordes abultados.
Inmóvil me ofrecía la criatura su mano.
En ella había granos pequeños. Del tamaño de una judía, de color rojo y con puntos negros en los bordes.
¿Para qué me los daba?
Sentí confusamente que sobre mí recaía una enorme responsabilidad —una responsabilidad que sobrepasaba todo lo terrenal— si en ese momento no hacía lo correcto.
Dos platillos de una balanza, cada uno cargado con el peso de la mitad del universo, oscilan en alguna parte en el reino de las causas, presentí: el platillo en el que arrojara el grano se vendría al suelo.
¡Ésa era la terrible asechanza que me amenazaba!, comprendí. «¡No mover ni un dedo!», me gritó el entendimiento… «¡aunque la muerte no viniera en toda la eternidad para salvarme de este tormento!»
También entonces habrías elegido: habrías rechazado los granos, susurró una voz en mi interior. Aquí no hay marcha atrás.