El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Él intentó hábilmente que incurriera en contradicciones con preguntas inesperadas, pero, por más que tuviera el corazón en la garganta por el miedo, no me traicioné y repetà que nunca habÃa oÃdo el nombre de Savioli, que tenÃa amistad con Angelina por mi padre y que con frecuencia me habÃa encargado camafeos.
No obstante, percibà claramente que el comisario sabÃa que estaba mintiendo y en su interior hervÃa de rabia por no poder sacarme nada.
Reflexionó un rato, me acercó a él tirándome de la chaqueta, señaló con gesto admonitorio el escritorio de la izquierda y me susurró en el oÃdo:
—¡Athanasius! Su padre, que en paz descanse, era mi mejor amigo. ¡Quiero salvarle, Athanasius! Pero tiene que decirme todo sobre la condesa, ¿me oye?, todo.
No comprendà a qué se referÃa.
—¿Qué quiere decir con eso de que quiere salvarme? —pregunté en voz alta.
El pie zambo golpeó, enojado, el suelo. El rostro del comisario se puso pálido de odio. Levantó el labio. Esperó. SabÃa que volverÃa a saltar (su sistema para desconcertar me recordaba al de Wassertrum) y esperé también… vi que un rostro con aspecto de macho cabrio, el propietario del pie zambo, emergÃa al acecho desde detrás del pupitre… y entonces el comisario me gritó de repente con todas sus fuerzas:
—¡Asesino!